Hunter S. Thompson (1937-2005)

“Estábamos en algún lugar de Barstow, muy cerca del desierto, cuando empezaron a hacer efecto las drogas. Recuerdo que dije algo así como:

-Estoy algo volado, mejor conduces tú…

Y de pronto hubo un estruendo terrible a nuestro alrededor y el cielo se llenó de lo que parecían vampiros inmensos, todos haciendo pasadas y chillando y lanzándose en picado alrededor del coche, que iba a unos ciento sesenta por hora, la capota bajada, rumbo a Las Vegas. Y una voz aulló:

-¡Dios mío! ¿Qué son esos condenados bichos?

Luego, se tranquilizó todo otra vez. Mi abogado se había quitado la camisa y se echaba cerveza por el pecho para facilitar el proceso de bronceado.

-¿Qué diablos andas gritando? -murmuró, mirando fijamente hacia arriba, hacia el sol, los ojos cerrados y protegidos con unas de esas gafas españolas que van enganchadas atrás.

-No es nada –dije-. Te toca conducir a ti.

-Pisé el freno y enfilé el Gran Tiburón Rojo hacia el borde de la carretera. Pensé que no tenía objeto mencionar aquellos vampiros. Muy pronto los vería el pobre cabrón.

Era casi mediodía, y aún teníamos que recorrer más de ciento sesenta kilómetros. Sería duro. Pero no había marcha atrás ni tiempo para descansar. Tendríamos que seguir”.

Primera página de la novela “Miedo y Asco En Las Vegas” (1971)

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *